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Yeshua, la Toráh y el Propósito Eterno de Dios
Introducción: ¿Por qué tanta confusión?
Con el paso de los siglos, el lenguaje, la cultura y las tradiciones de cualquier país cambian. No importa si hablamos de Israel, Estados Unidos, España, México o prácticamente cualquier nación del mundo. Las palabras no siempre significan lo mismo, las costumbres se transforman y la manera de pensar de una sociedad evoluciona con el tiempo.
Por ejemplo, una palabra escrita hace quinientos o mil años puede tener hoy un significado completamente distinto. Una práctica cultural que antes era normal puede resultar extraña en la actualidad. Ahora imaginemos lo complejo que se vuelve interpretar un texto antiguo sin tomar en cuenta el idioma original, la cultura de su época y el contexto en el que fue escrito.
Eso es exactamente lo que ha ocurrido con las Escrituras. A lo largo de los siglos, líderes e instituciones religiosas, en distintas partes del mundo y desde diferentes contextos culturales, han leído la Biblia desde su propio idioma, su propia cultura y sus propias tradiciones. Con el tiempo, esas interpretaciones se fueron acumulando y, en muchos casos, alejándose del entendimiento original.
Es como si alguien encontrara el manual original de una máquina compleja, escrito en un idioma antiguo. Con los años, otras personas traducen ese manual, luego otros agregan explicaciones, después alguien más añade comentarios al margen basados en su experiencia personal. Siglos después, alguien intenta operar la máquina tomando en cuenta esas notas, comentarios y traducciones, y aún consultando el manual original pero sin lograr entender el idioma en el que fue escrito.
El resultado es confusión, errores y mal funcionamiento.
Eso mismo ocurre cuando intentamos entender las Escrituras únicamente a través de interpretaciones modernas, tradiciones religiosas o traducciones desligadas del contexto original. A lo largo de los siglos, la Biblia ha sido interpretada y reinterpretada por religiones, instituciones y líderes desde distintos entornos culturales, lo que dio origen a múltiples religiones y grupos denominacionales. En ese proceso, en muchos casos, se perdió o se distorsionó el lenguaje, la cultura y el entendimiento bíblico original, alejándose de la forma en que las Escrituras eran comprendidas por Moisés, los profetas, Yeshua, los apóstoles y los primeros discípulos.
Nuestra objetivo es buscar regresar al “manual original”.
1. El Antiguo Testamento: la base que muchos ignoran
Uno de los errores más comunes hoy es intentar entender el Nuevo Testamento como si fuera un libro independiente. No lo es.
En tiempos de Yeshua y de los apóstoles, el Nuevo Testamento no existía. Cuando ellos hablaban de “las Escrituras”, se referían exclusivamente a lo que hoy llamamos Antiguo Testamento.
“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.”
— 2 Timoteo 3:16
La palabra griega graphḗ (γραφή) significa “lo escrito”. En el siglo primero, eso solo podía referirse a la Toráh, los Profetas y los Escritos, es decir, al Antiguo Testamento.
Analogía sencilla
Pretender entender el Nuevo Testamento sin el Antiguo es como leer el último capítulo de un libro sin haber leído los primeros. Puedes entender algunas frases, pero perderás el sentido completo de la historia.
Yeshua mismo lo dejó claro:
“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.”
— Juan 5:39
Él no estaba hablando de los evangelios, sino de la Toráh y los profetas.
2. ¿Qué significa realmente “cumplir la ley”?
Uno de los pasajes más malinterpretados es Mateo 5:17:
“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.”
La palabra “cumplir” en griego es plēróō (πληρόω), que significa llenar, completar, llevar a su propósito, no cancelar.
Ilustración
Si un arquitecto “cumple” un plano, no lo tira a la basura; lo construye tal como fue diseñado.
Yeshua no vino a abolir la Toráh, vino a vivirla perfectamente y a revelar su verdadero propósito.
3. La Toráh: no es “ley”, es instrucción
La palabra hebrea Toráh (תּוֹרָה) ha sido traducida como “ley”, pero su significado real es instrucción, enseñanza, dirección.
“Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza (Toráh) es luz. Y camino de vida las reprensiones que te instruyen,”
— Proverbios 6:23
Analogía
Un padre que instruye a su hijo no lo hace para castigarlo, sino para protegerlo y guiarlo. Así funciona la Toráh.
Los profetas nunca llamaron al pueblo a abandonar la Toráh, sino a regresar a ella:
“¡A la ley (Toráh) y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido.”
— Isaías 8:20
4. Yeshua y los apóstoles vivieron lo que enseñaron
Yeshua no solo enseñó la Toráh, la vivió.
El Shabbat
“Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer.”
— Lucas 4:16
La palabra griega sábbaton (σάββατον) es una transliteración directa del hebreo Shabbat. Nunca significa domingo.
Después de la resurrección, los apóstoles continuaron igual:
“Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos”
— Hechos 17:2
Las fiestas establecidas por Dios
“Habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: Las fiestas solemnes de Jehová, las cuales proclamaréis como santas convocaciones, serán estas: Seis días se trabajará, mas el séptimo día será de reposo, santa convocación; ningún trabajo haréis; día de reposo es de Jehová en dondequiera que habitéis.”
— Levítico 23:2
La Biblia no las llama “fiestas judías”, sino fiestas de YHWH. Pablo incluso exhorta a celebrarlas:
“Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad.”
— 1 Corintios 5:8
Los alimentos puros
Un pasaje frecuentemente mal usado es Hechos 10. Pedro mismo aclara el significado:
Y vio el cielo abierto, y que descendía algo semejante a un gran lienzo, que atado de las cuatro puntas era bajado a la tierra; en el cual había de todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo. Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come. Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás. Volvió la voz a él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. Esto se hizo tres veces; y aquel lienzo volvió a ser recogido en el cielo.
— Hechos 10:11-16“Y les dijo: Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo.”
— Hechos 10:28
Si se lee con atención el capítulo 10 de Hechos, vemos que el mismo Pedro explica que la visión no trataba de comida, sino de personas. La Torá o instrucción alimentaria nunca fue abolida.
5. Cambios históricos: ¿cuándo se alteró todo?
Si Yeshua, los apóstoles y los primeros discípulos vivían así, ¿cuándo cambió todo?
La historia muestra que fue después, entre los siglos segundo, tercero y cuarto, cuando líderes e instituciones religiosas comenzaron a modificar lo que Dios había establecido:
- El Shabbat fue reemplazado por el domingo
- Las fiestas bíblicas fueron eliminadas
- Se introdujeron celebraciones creadas por el hombre
- Se enseñó que todo alimento era permitido
Nada de esto aparece en la Biblia.
“Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.”
— Mateo 15:9
6. El peligro de los textos extra bíblicos
En este sitio no recomendamos el estudio de textos judíos extra bíblicos como el Talmud, la Mishná o la Kábala. Estos escritos no forman parte de la Escritura inspirada y contienen interpretaciones humanas que, en muchos casos, contradicen la Palabra de Dios.
El mayor peligro es que, al intentar “entender mejor la Biblia” por medio de estos textos, algunas personas terminan alejándose de las Escrituras mismas y, en el peor de los casos, negando a Yeshua como el Hijo de Dios.
“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.”
— Juan 5:39
7. El propósito final de Dios: un solo pueblo
La Biblia no habla de dos pueblos separados, sino de una reunificación.
“y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo tomo a los hijos de Israel de entre las naciones a las cuales fueron, y los recogeré de todas partes, y los traeré a su tierra; y los haré una nación en la tierra, en los montes de Israel, y un rey será a todos ellos por rey; y nunca más serán dos naciones, ni nunca más serán divididos en dos reinos.”
— Ezequiel 37:21–22
La Casa de Israel (las diez tribus del norte) fue esparcida entre las naciones. Al mezclarse, perdieron su identidad y se volvieron “gentiles”. Pero Dios prometió traerlos de regreso.
“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.”
— Efesios 2:19
Todos los que creen en Yeshua son injertados en el mismo olivo y ahora forman parte del pueblo de Dios; ahora son parte del pueblo de Israel y han dejado de ser gentiles:
“Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.”
— Gálatas 3:29
El destino final es claro: un solo pueblo bajo un solo Dios.
¿Qué hacemos ahora con esta información?
Este estudio no busca crear una nueva religión, ni denominación, sino invitarte a hacer una auditoría honesta de lo que crees.
- Lee la Biblia completa
- Conecta el Nuevo Testamento con el Antiguo
- Cuestiona tradiciones humanas
- Permite que la Escritura se explique a sí misma
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Invitación
Te invitamos a caminar con nosotros este regreso al entendimiento original de las Escrituras, con Yeshua en el centro, la Toráh como fundamento y la Palabra de Dios como autoridad final.
Que Dios te bendiga.
Citas tomadas de la biblia Reina-Valera 1960
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— Eduardo
