¿Debemos orar para ser prósperos en el camino hacia la libertad financiera?

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Es común escuchar que el pueblo judío destaca por su prosperidad económica y su presencia en áreas como los negocios, las finanzas y el emprendimiento. Esto ha llevado a muchos a preguntarse si dicha prosperidad se debe a una bendición especial de Dios basada en las Escrituras, si es principalmente el resultado de habilidades prácticas y una mentalidad emprendedora, o si se trata de una combinación de ambos factores.

Para responder con honestidad, es necesario abandonar los extremos: ni la prosperidad es automática por tener fe, ni es únicamente producto del esfuerzo humano desligado de principios espirituales. La realidad es más profunda y, sobre todo, más práctica.


¿Existe una bendición bíblica relacionada con la prosperidad?

Las Escrituras dejan claro que Dios bendice a quienes caminan en Sus caminos. Pasajes como Deuteronomio 8:18 afirman que es Dios quien da el poder para hacer riquezas. Abraham, Isaac y Jacob fueron hombres bendecidos también en lo material. Sin embargo, la Biblia nunca presenta la prosperidad económica como algo garantizado simplemente por creer o por orar.

La bendición bíblica no funciona como una fórmula mágica. No se trata de pedirle a Dios que bendiga las finanzas mientras se ignoran principios básicos como la disciplina, la sabiduría y la buena administración. La misma Escritura enseña que Dios bendice procesos, no atajos.


La fe sin obras es muerta

Aquí aparece un principio clave: la fe sin obras es muerta. Dicho de otra manera, no basta con creer que Dios puede bendecir; es indispensable actuar en consecuencia. Orar por provisión financiera sin tomar decisiones responsables, sin prepararse, sin trabajar con excelencia o sin asumir riesgos calculados, es una contradicción.

En muchas comunidades judías, este principio se vive de forma práctica. El trabajo, el comercio, la inversión y el emprendimiento no se ven como algo opuesto a la fe, sino como medios legítimos para administrar lo que Dios provee. La oración no reemplaza la acción; la acompaña.


Cultura, mentalidad y educación financiera

Además del aspecto espiritual, existe un fuerte componente cultural. Desde temprana edad se fomenta:

  • La educación financiera
  • El pensamiento a largo plazo
  • El valor del trabajo y la excelencia
  • La administración responsable del dinero
  • El emprendimiento y la inversión

El dinero no se idolatra, pero tampoco se demoniza. Se entiende como una herramienta. Esta mentalidad prepara a las personas para aprovechar oportunidades cuando se presentan, en lugar de depender únicamente de circunstancias externas.


El pilar fundamental: vivir sin deudas

Aquí es necesario ser claro y directo: la manera más eficaz y comprobada de alcanzar la libertad financiera es evitar por completo las deudas o eliminar las deudas actuales antes de invertir. No existen atajos sostenibles alrededor de este principio.

Criterio práctico sobre la eliminación de deudas antes de comenzar a invertir:
👉 Dado que un ETF de mercado total como Vanguard Total Stock Market ETF ha tenido un rendimiento promedio histórico cercano al 10 % anual, una hipoteca (mortgage) con interés de 3–4 % puede seguir pagándose mientras se invierte; un préstamo de auto por encima de 5–6 % conviene eliminarlo; y las tarjetas de crédito deben pagarse agresivamente lo más rápido posible antes de comenzar a invertir en la bolsa de valores o en cualquier otra inversión.

No tiene sentido hablar de inversión, crecimiento o interés compuesto mientras se arrastran deudas con intereses altos. Financiera y matemáticamente, intentar invertir mientras se pagan intereses del 18, 24 o 30 por ciento es caminar en dirección contraria.

Esto solo se logra de una forma: viviendo por debajo de los ingresos. No por un mes, ni por una temporada, sino como un estilo de vida consciente y sostenido.

Mira lo que estoy haciendo para salir de las deudas de forma acelerada.


¿Por qué hay personas de fe que nunca alcanzan libertad financiera?

Esta es una pregunta incómoda, pero necesaria. Existen personas con una fe genuina, con un deseo sincero de agradar a Dios, que nunca logran estabilidad ni libertad financiera. Si la fe por sí sola garantizara prosperidad económica, esto no debería ocurrir.

La realidad es que la fe no reemplaza la falta de planificación, las malas decisiones financieras, el endeudamiento crónico, la ausencia de educación financiera o el rechazo a vivir por debajo de los ingresos. Muchas veces no es falta de fe, sino falta de estructura, disciplina y acciones sostenidas en el tiempo.


Aplicación práctica: salir de deudas, especialmente en los 50s

Estoy a punto de cumplir 59 años de edad y, lamentablemente, cuando era joven nadie me enseñó sobre la importancia de invertir ni nada por el estilo. En esa época no existían aplicaciones como Robinhood y la bolsa de valores parecía estar reservada —o al menos así lo creía— para inversionistas con grandes capitales. Comenzar a invertir a una edad temprana, idealmente desde el primer ingreso que uno recibe, es sin lugar a dudas la mejor manera de alcanzar la libertad financiera con el paso de las décadas. Sin embargo, incluso en los 50s, nunca es tarde para empezar a hacer lo necesario para mejorar nuestra situación financiera.

En una etapa como los años 50, aplicar estos principios requiere realismo. Estar en esta etapa con deudas no es una maldición espiritual ni una señal de fracaso moral; en la mayoría de los casos es el resultado acumulado de decisiones pasadas o simplemente de sobrevivir como se pudo.

Salir de deudas debe ser una prioridad absoluta, incluso antes de pensar en invertir. Esto implica:

  • Detener por completo la adquisición de nuevas deudas
  • Ordenar todas las deudas existentes
  • Atacar agresivamente las de mayor interés
  • Reducir el estilo de vida para liberar flujo de efectivo

Este proceso no es castigo, es estrategia. Y es una de las decisiones más liberadoras que una persona puede tomar.


El fondo de emergencia: estabilidad antes que crecimiento

Antes de invertir un solo dólar, es indispensable construir un fondo de emergencia. Este fondo debe cubrir idealmente entre 3, 6 o incluso hasta 12 meses de gastos mensuales, dependiendo de la estabilidad laboral y la situación personal de cada persona. Sin embargo, es vital contar con un fondo de emergencia de al menos $1,000 a $2,000 antes de comenzar a pagar las deudas de forma agresiva, ya que esto permite evitar recurrir a las tarjetas de crédito cuando se presenta una emergencia inesperada.

El fondo de emergencia no es una inversión; es un seguro personal. Evita que, ante cualquier imprevisto, la persona regrese a las deudas o tenga que liquidar inversiones en el peor momento del mercado. Sin este colchón, cualquier plan financiero es frágil.


Invertir no es apostar

Muchas personas ven la bolsa de valores como una forma rápida de “recuperar el tiempo perdido”. Ese enfoque suele llevar a errores costosos. Invertir no es apostar, ni buscar el próximo gran golpe, sino construir crecimiento razonable, estabilidad y protección contra la inflación.

La bolsa no reemplaza el trabajo; lo complementa. Y la constancia, una vez más, suele vencer a la prisa.


ETFs y el acceso real a la libertad financiera

Invertir en la bolsa de valores, y especialmente en ETFs, ha democratizado el acceso a la inversión. Hoy, gracias a aplicaciones como Robinhood, cualquier persona puede invertir comprando fracciones de acciones o ETFs, sin importar cuánto dinero tenga o cuánto gane.

En Estados Unidos existen numerosos casos de personas que, ganando alrededor de $40,000 al año, sin deudas y viviendo por debajo de sus ingresos, han logrado acumular varios millones de dólares a lo largo de décadas. No lo hicieron apostando ni especulando, sino con consistencia, paciencia y aprovechando el interés compuesto.

ETFs como VTI, SPY, VOO, QQQ y otros similares han demostrado su efectividad porque están compuestos por cientos o incluso miles de empresas. Esta diversificación reduce significativamente el riesgo frente a invertir en acciones individuales como Apple, Amazon o Tesla, que aunque sean empresas exitosas, siguen siendo más vulnerables a eventos específicos.


Simplicidad frente a complejidad

Invertir en ETFs no requiere convertirse en experto en la bolsa ni pasar horas analizando mercados. Tampoco exige habilidades especiales propias de negocios tradicionales como bienes raíces, que implican conseguir financiamiento, manejar clientes, cumplir regulaciones y lidiar con competencia constante.

Una vez establecido el fondo de emergencia y eliminadas las deudas, el proceso se simplifica: invertir de manera constante el excedente en ETFs sólidos y dejar que el tiempo y el interés compuesto hagan su trabajo.


Fe aplicada y libertad redefinida

La fe aplicada no es pasiva. Orar para salir de deudas mientras se gasta sin control no es fe. Orar por provisión sin aprender a administrar tampoco lo es. La fe madura toma decisiones difíciles, mantiene disciplina cuando no hay resultados inmediatos y entiende que Dios suele bendecir procesos, no milagros financieros instantáneos.

La libertad financiera, especialmente en etapas avanzadas de la vida, no siempre significa no trabajar nunca más. Muchas veces significa no vivir ahogado por deudas, tener margen para decidir, contar con ingresos complementarios y no depender completamente de otros en la vejez.


Conclusión

La prosperidad económica no es exclusiva de un grupo ni automática por tener fe. Tampoco es únicamente el resultado del esfuerzo humano desconectado de principios espirituales. En muchos casos es la convergencia entre una fe bien entendida y acciones prácticas ejecutadas con disciplina y paciencia.

Evitar las deudas, vivir por debajo de los ingresos, construir un fondo de emergencia sólido y luego invertir de forma constante en ETFs probados es, sin lugar a dudas, uno de los caminos más claros y efectivos hacia la libertad financiera.

Dios puede abrir puertas, pero cada persona debe prepararse para caminar y entrar por ellas. La verdadera bendición muchas veces comienza cuando alguien decide ordenar su vida financiera y mantenerse constante a lo largo del tiempo.

Que Dios te bendiga con sabiduría y discernimiento, para que tu vida sea prosperada en todo sentido,
Eduardo Silva

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— Eduardo


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